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Una nueva raza ovina con mejora genética combina lana premium y rendimiento productivo cárnico

La producción de lana y la calidad de la fibra siguen siendo variables centrales dentro del universo textil. En ese cruce entre campo, industria y mercados internacionales, una experiencia que se desarrolla en la Patagonia empieza a llamar la atención por su impacto potencial: el trabajo del INTA para consolidar al Merino Dohne, una raza ovina de doble propósito que produce lana fina de alto valor y carne de calidad.

Lejos de tratarse de un desarrollo estrictamente técnico o pensado solo para el sector agropecuario, el programa apunta a fortalecer una cadena productiva más amplia, donde la fibra vuelve a ocupar un lugar estratégico. En los módulos experimentales del INTA Valle Inferior del Río Negro, investigadores trabajan desde hace años en mejorar la genética ovina regional, buscando animales más eficientes, adaptados al territorio y con productos mejor valorados por el mercado.

Lana fina sin resignar rendimiento

Una de las particularidades del Merino Dohne es que rompe con una lógica habitual del sector: mientras muchas razas carniceras generan lana gruesa de bajo valor, esta variedad combina fibra fina, cotizada a nivel internacional, con un buen desarrollo cárnico. Esa doble condición la convierte en una alternativa interesante para zonas donde diversificar ingresos resulta clave.

Según explican desde el INTA, los animales adultos alcanzan un peso significativo en poco tiempo y, al mismo tiempo, producen lana comparable en calidad a la del Merino tradicional, una fibra históricamente vinculada a la industria textil de mayor valor agregado.

Adaptación, cruce y mejora genética

El trabajo se basa en un proceso de absorción genética: cruzamientos sucesivos entre el Merino Dohne y razas ya presentes en la región, como el Merino Australiano. El objetivo no es reemplazar de manera abrupta los sistemas existentes, sino incorporar gradualmente características que mejoren la calidad del producto final, tanto en carne como en lana.

Además del rendimiento, se destacan cualidades como la buena aptitud materna y la adaptación a distintos ambientes, desde valles con mayor disponibilidad de forraje hasta zonas más áridas. Esto permite pensar en una producción más estable y previsible, un punto clave para quienes trabajan con fibras naturales.

Una mirada estratégica para la cadena textil

Aunque el proyecto se desarrolla en el ámbito ganadero, su impacto excede al campo. La lana fina sigue siendo una materia prima fundamental para hilanderías, tejedurías y marcas que apuestan por fibras naturales, trazabilidad y calidad. En ese sentido, contar con animales que produzcan fibra homogénea, valiosa y sostenible en el tiempo refuerza el vínculo entre origen y producto final.

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Desde el equipo del INTA destacan que los avances logrados permiten imaginar un futuro donde el Merino Dohne gane mayor protagonismo en la región, aportando volumen, calidad y estabilidad productiva. Para la industria textil, se trata de una señal clara: la innovación genética también puede ser una herramienta para fortalecer el abastecimiento de fibras y acompañar las demandas de un mercado cada vez más exigente.

En un contexto donde la lana vuelve a ser revalorizada por su origen natural, durabilidad y prestaciones, este tipo de desarrollos refuerzan la idea de que la calidad textil empieza mucho antes del telar.

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