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Innovación textil: crean tejidos a partir de ortigas, algas y plátano

PYRATEX TEJEDURIA

Durante décadas, la innovación textil estuvo asociada casi exclusivamente a lo sintético. Sin embargo, en los márgenes de esa lógica industrial comenzaron a surgir propuestas que miran hacia materias primas inesperadas y cadenas productivas más conscientes. Una de ellas es Pyratex, un proveedor de tejidos sostenibles que investiga y desarrolla materiales a partir de fibras naturales poco convencionales, como la ortiga, el alga marina o residuos agrícolas.

Detrás del proyecto está Regina Polanco, investigadora y emprendedora española de 33 años que dejó el Derecho para dedicarse de lleno a transformar la manera en que se producen los textiles. Su diagnóstico es claro: mientras las fibras evolucionaron, la estructura de la cadena de suministro se mantuvo prácticamente intacta. “Hay soluciones técnicas, pero faltan propuestas reales que cumplan con calidad, formato y tiempos de producción”, sostiene.

Del laboratorio al telar

Fundada como una plataforma de I+D textil, Pyratex desarrolla internamente sus materiales y luego encarga la fabricación a proveedores europeos, principalmente de España, Italia y Portugal. Desde que inició su actividad comercial en 2018, la empresa lanzó más de 150 tejidos elaborados a partir de 15 ingredientes distintos: fibra de ortiga, madera, flor de kapok, algas marinas, cítricos descartados y, más recientemente, fibras recicladas. Cada desarrollo lleva entre uno y tres años hasta llegar al mercado.

“Estos tejidos no buscan competir en precio ni velocidad con el poliéster producido en Asia, sino posicionarse como una alternativa real frente al algodón convencional europeo. El diferencial está en el origen, el impacto ambiental y la trazabilidad del material“, declaró Polanco.

Regina Polanco, fundadora de Pyratex
Regina Polanco, fundadora de Pyratex

Algodón local, cadena corta

Uno de los proyectos más recientes de la empresa apunta a recuperar algodón cultivado en el sur de España, que históricamente se exportaba sin valor agregado. Bajo el nombre Pyratex Solea, la iniciativa articula una cadena de suministro que compra el algodón recién cosechado entre septiembre y noviembre, lo transforma en hilo y lo reinserta en el circuito textil europeo.

El objetivo es anticiparse a la demanda de las marcas, que muchas veces dudan en cambiar de materia prima sin certezas de volumen. En su segunda cosecha, el proyecto alcanzó los 30.000 kilos de algodón, suficientes para producir alrededor de 100.000 prendas.

Fibras singulares y alianzas estratégicas

Además del algodón, Pyratex continúa explorando materiales poco habituales. Recientemente desarrolló un tejido a partir de algas del mar Rojo, respondiendo a pedidos de marcas de Medio Oriente interesadas en trabajar con materias primas locales. El material fue presentado en la última edición de la Fashion Week de Riad, marcando un nuevo paso en la expansión internacional del proyecto.

En paralelo, la empresa se convirtió en socio estratégico de Circ, una start-up estadounidense que desarrolló una tecnología capaz de separar poliéster y algodón para su reciclado. Pyratex se comprometió a adquirir estos materiales cuando entre en funcionamiento la nueva planta que Circ construye en Francia, prevista para 2028.

Con un equipo de 20 personas, Pyratex facturó cerca de dos millones de euros en 2024 y proyecta un crecimiento del 30% para este año, con más de 100.000 metros de tejido producidos. El mercado español representa actualmente el 30% de sus ventas, seguido por Francia y Estados Unidos.

Mientras avanza en una nueva ronda de inversión, Polanco busca sumar socios estratégicos que acompañen el crecimiento. Entre los inversores actuales figuran marcas como Asics, Bobo Choses y el grupo propietario de Palladium. Entre sus clientes se encuentran firmas de peso como Loewe, Adolfo Domínguez y Pedro del Hierro.

Más allá de los números, la propuesta de Pyratex pone en discusión una idea instalada: que vestir de manera diferente no implica resignar calidad ni diseño, sino repensar desde dónde y con qué se construye cada tela. En un contexto de revisión profunda de la industria, fibras como la ortiga o el alga dejan de ser curiosidades para convertirse en materia prima del futuro.

Fuente: El País

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