Un proyecto nacido en Chivilcoy logró transformarse en un caso de crecimiento dentro del universo del calzado artesanal. Se trata de Gringa Calzados, una firma familiar que comenzó su camino en 2019 y que hoy amplía su alcance tras vincular su producción con el piloto argentino Franco Colapinto.
La historia del emprendimiento se apoya en una lógica clara: desarrollar un producto artesanal donde la calidad de la materia prima y la construcción manual sean el eje central. Desde sus inicios, la empresa apostó por las alpargatas, un calzado tradicional que fue perfeccionado progresivamente hasta consolidar una propuesta diferenciada dentro del mercado.
De un proyecto local a una vidriera inesperada
El vínculo con Colapinto surgió tras varios intentos de contacto. Si bien el piloto se encontraba en Europa, la comunicación finalmente se concretó a través de su entorno familiar. El gesto derivó en la entrega de un par de alpargatas, que posteriormente comenzaron a formar parte de su uso cotidiano, incluso en apariciones públicas.

Este hecho funcionó como un disparador de visibilidad para la marca. La elección de un referente deportivo generó un impacto inmediato en la demanda, impulsando pedidos desde distintos puntos del país mediante canales digitales y envíos logísticos tradicionales.
Producción artesanal y foco en los detalles
Actualmente, la firma mantiene un ritmo de fabricación moderado, cercano a las 120 unidades mensuales. La confección se caracteriza por una estructura reforzada, materiales resistentes y una base diseñada para mejorar el confort respecto de las alpargatas convencionales.
El proceso constructivo combina forros internos, refuerzos en zonas de desgaste y plantillas de múltiples capas que aportan estabilidad y amortiguación. Esta ingeniería artesanal permite ofrecer un producto visualmente clásico, pero técnicamente optimizado.
Uno de los pilares del modelo productivo es la versatilidad. La empresa desarrolla combinaciones personalizadas, tanto en colores como en terminaciones, además de adaptar pedidos para necesidades específicas, como talles especiales o características particulares del pie.
En paralelo, el emprendimiento proyecta expandirse hacia líneas corporativas, incorporando desarrollos con identidad de marca, bordados y variantes orientadas a regalos empresariales o uso institucional.
A pesar de la expansión comercial, los responsables del proyecto sostienen una postura definida: preservar el carácter artesanal como valor central. La decisión de evitar procesos de industrialización masiva responde a la intención de mantener el control de calidad y el diferencial manual del producto.
Este enfoque también dialoga con una tendencia creciente dentro de la industria: consumidores que priorizan durabilidad, diseño y procesos productivos más humanos frente a modelos estandarizados.
Fuente: La Razón de Chivilicoy















