El mercado de la indumentaria en Argentina enfrenta un fenómeno inédito: el crecimiento sostenido de las importaciones de ropa usada, un flujo que en lo que va de 2025 alcanzó cifras récord y abre interrogantes económicos, sanitarios y ambientales.
Según los datos de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria, durante este año ingresaron 3.521 toneladas de prendas usadas, un volumen equivalente a unos 200 camiones de ropa de descarte. Ese número representa aproximadamente el 11% del total de la ropa importada, una proporción significativa dentro del comercio del sector.
Uno de los aspectos más sensibles del fenómeno es el valor de ingreso: el kilo de ropa usada se importa a un precio promedio 15 veces más bajo que el de la ropa nueva importada. Esta diferencia genera un fuerte desbalance competitivo, especialmente para la industria local y los canales formales de comercialización.
De dónde viene la ropa usada importada
El ingreso de estas prendas se concentra mayoritariamente en un solo origen: Chile explica cerca del 90% de la ropa usada que llega al país. La mercadería cruza principalmente por la aduana de Jujuy y tiene como destino final, en su gran mayoría, el Área Metropolitana de Buenos Aires, donde se canaliza hacia distintos circuitos comerciales.
Contaminación textil: un grupo de jóvenes enfrenta el mayor vertedero textil del mundo
→ Leer másEste escenario contrasta con la política vigente durante décadas. La importación de ropa usada estuvo prohibida durante casi 30 años: la norma que impedía su ingreso entró en vigencia en 1999 y perdió efecto en 2022. Desde entonces, la prohibición no fue renovada, habilitando este nuevo esquema de importaciones.
Impactos sanitarios, ambientales y sectoriales
Más allá de los números, el debate se centra en las condiciones de ingreso de estas prendas. Distintos actores del sector advierten que la ropa usada entra sin controles sanitarios específicos, lo que plantea riesgos potenciales para la salud pública.
En paralelo, también se señala un impacto ambiental relevante, ya que gran parte de estas prendas corresponde a excedentes o descartes de otros mercados. Su ingreso masivo no solo desplaza producción local, sino que también puede acelerar problemas vinculados a la gestión de residuos textiles.
El crecimiento de este flujo de importaciones reabre así una discusión de fondo: cómo equilibrar el comercio, la protección de la industria nacional, el cuidado ambiental y las condiciones sanitarias en un contexto donde la ropa usada gana cada vez más espacio en el mercado argentino.

















