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Cierra una histórica mercería tras 55 años: el adiós a un comercio que marcó a generaciones

MERCERIA MARISOL 1

Benito Juárez se prepara para despedir a uno de sus comercios más queridos. Tras 55 años de presencia ininterrumpida, la tradicional Mercería Marisol bajará sus persianas en los próximos días, poniendo fin a una historia hecha de trabajo, oficio y amistad que marcó a varias generaciones de juarenses.

El emprendimiento nació el 25 de mayo de 1970, cuando Mari Hebe Napolitano, hoy de 87 años, y Gladys Ethel Marelli, de 85, decidieron apostar por un proyecto propio en pleno centro de la ciudad. En aquellos primeros pasos, cuando el país tenía otra economía, otros ritmos y apenas 11 mil habitantes en la localidad, las dos mujeres construyeron una sociedad que con el tiempo se convertiría en un vínculo de vida.

Comenzaron en un altillo improvisado en un local de la Avenida Urquiza, y cinco años más tarde se trasladaron al espacio actual de la calle Zibecchi. Allí ampliaron, renovaron y moldearon el pequeño comercio que, pese al paso del tiempo, sigue casi intacto. Desde ese lugar acompañaron durante décadas a familias enteras, con trabajos de costura, bordado y confección que se transformaron en parte de la identidad afectiva de la ciudad.

El sello de la casa: el moisés que acompañó a cientos de familias

Si algo distingue a la Mercería Marisol es su moisés, una pieza artesanal que se transformó en emblema del comercio. El primero fue confeccionado para Amadeo Colantonio, y desde entonces cientos de bebés juarenses durmieron en esos moisés que las dos amigas elaboraban con dedicación absoluta. “Siempre fue nuestro fuerte”, contaban entre risas, recordando el enorme esfuerzo que implicó aquel primer trabajo y los secretos que fueron aprendiendo con el tiempo.

Pero su tarea iba mucho más allá: vestidos de novia, ropa de bebés, delantales, prendas para el día a día y arreglos que permitieron prolongar la vida útil de innumerables prendas, especialmente en momentos de crisis. En 2001, con la economía golpeada, las tareas de remiendo y reparación se volvieron indispensables. Durante la pandemia, la mercería también fue refugio: llegaron a vender miles de barbijos y la gente hacía cola en la vereda para comprar.

MAQUINA COSER MERCERIA

Entre telas, hilos y máquinas de coser, Mari y Gladys construyeron algo más grande que un negocio. “Siempre fuimos un gran equipo”, repetían. Y aún hoy, Mari sigue prefiriendo su máquina de coser a pedal, la misma que ha usado durante décadas.

Una historia de trabajo, familia y amistad

La historia de la Mercería Marisol es también la historia de una amistad indeleble. Las dos mujeres se casaron el mismo año, fueron madrinas del primer hijo de la otra y compartieron alegrías, desafíos y también duelos: ambas enviudaron con pocos meses de diferencia. La confianza mutua y el cariño sostuvieron un proyecto que creció al mismo tiempo que crecían sus propias familias.

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A lo largo de las décadas, las dos tejedoras fueron parte de momentos claves de la vida de cientos de vecinos: fiestas, casamientos, nacimientos, inicios escolares. Cada prenda confeccionada llevaba un pedazo de su dedicación. Por eso, la noticia del cierre despertó un enorme caudal de mensajes de afecto en la comunidad. Desde guardapolvos y ropita de bebé hasta moisés que pasaron de generación en generación, los recuerdos se multiplican y pintan un retrato profundo de lo que significó este comercio para Benito Juárez.

Un cierre elegido, lleno de gratitud

Después de 55 años, el final no llega por obligación, sino por una decisión tomada con lucidez y serenidad. “Nos vamos felices y muy lúcidas. Le damos gracias a Dios porque podemos decidir con claridad este cierre”, expresaron. Con los últimos productos en liquidación, se preparan para despedirse del local donde vivieron casi toda una vida.

MERCERIA MARISOL

Benito Juárez despedirá mucho más que un comercio. Se va un símbolo del oficio artesanal, un espacio de comunidad y un rincón lleno de historias. Se va, sobre todo, una enseñanza sobre el valor del trabajo compartido, la constancia y la amistad.

Y queda un legado enorme, hecho de hilos, telas, recuerdos y cariño.

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