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“Nada de lo que hacemos es sostenible”: Patagonia desafió al mundo corporativo y reabrió el debate ambiental

Con una frase tan incómoda como contundente, la marca estadounidense Patagonia sacudió el debate global sobre sustentabilidad empresarial. Lejos de los discursos habituales cargados de promesas verdes, la compañía publicó su primer informe público de impacto ambiental, un documento que combina datos duros, autocrítica y una narrativa inusual para el mundo corporativo.

El reporte, titulado Trabajo en progreso y difundido el 13 de noviembre, se volvió rápidamente viral en LinkedIn. Especialistas en sostenibilidad, marketing y branding analizaron el contenido y coincidieron en un punto central: incluso una de las marcas más asociadas al activismo ambiental enfrenta contradicciones profundas entre producción, consumo y cuidado del planeta.

Cuando los números no acompañan el relato

Entre los aspectos más destacados del informe aparece el reconocimiento explícito de metas incumplidas. Patagonia admitió que no logró reducir sus emisiones de carbono al ritmo previsto para alcanzar la neutralidad en 2040. Por el contrario, durante el año fiscal 2025 sus emisiones crecieron un 1%, impulsadas por cambios en el mix de productos, con mayor presencia de artículos de alto impacto como mochilas y bolsos de viaje.

Tampoco se alcanzaron otros compromisos clave: el uso de materiales considerados “preferidos” quedó por debajo del objetivo del 100%, y solo una parte de las fábricas que integran su cadena de suministro garantiza salarios dignos. Estos datos, lejos de ocultarse, ocupan un lugar central en el documento.

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Al mismo tiempo, el informe también muestra avances concretos. Patagonia destacó el aumento del uso de algodón orgánico regenerativo, el fortalecimiento de su programa de reparación de prendas, que evitó que miles de productos terminaran como descarte, y las donaciones anuales a iniciativas ambientales globales. El mensaje es claro: hay progreso, pero no alcanza.

Un informe que busca incomodar

Más allá del contenido, uno de los puntos que más llamó la atención fue la forma. El reporte, de más de 130 páginas, está diseñado para ser leído: combina gráficos, imágenes, títulos directos y frases que interpelan al lector. Lejos del lenguaje técnico habitual, el documento asume un tono casi confesional, reforzado por citas internas que reconocen la complejidad del problema ambiental.

Desde la empresa explicaron que el objetivo no era construir una imagen perfecta, sino abrir una conversación más honesta. Al no estar obligada por ley a presentar este tipo de informes, la decisión de hacerlo responde a una postura política y cultural: exponer límites, tensiones y dilemas en un contexto donde la presión regulatoria y el discurso ambiental parecen perder fuerza en algunos países.

¿Un nuevo estándar para la industria?

El caso de Patagonia no aparece aislado. Otras marcas con perfil sostenible comenzaron a adoptar estrategias similares, utilizando los informes no solo como herramientas de rendición de cuentas, sino como espacios de reflexión pública. En lugar de tranquilizar audiencias, estos documentos buscan incomodar y generar debate.

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En un sector donde la sostenibilidad muchas veces se comunica como una meta alcanzable a corto plazo, el informe de Patagonia plantea otra idea: no existe producción sin impacto, y reconocerlo puede ser el primer paso para avanzar. Más que una declaración de éxito, el documento funciona como un llamado a revisar cómo se mide, se comunica y se entiende la sustentabilidad en la industria de la moda y el consumo global.

En tiempos de crisis climática y discursos cada vez más moderados, la apuesta por la transparencia radical reabre una pregunta clave: ¿puede la honestidad convertirse en una nueva forma de activismo empresarial? Patagonia parece haber decidido que sí, aun cuando eso implique exponer sus propias contradicciones.

Fuente: Forbes

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