La gestión de excedentes textiles atraviesa un punto de inflexión en Europa. A partir del 19 de julio de 2026, las grandes empresas ya no podrán destruir ropa ni calzado no vendidos dentro de la Unión Europea, en el marco de una nueva normativa orientada a reducir el impacto ambiental del sector.
La decisión, impulsada desde Bruselas, busca frenar una práctica históricamente asociada a la sobreproducción y al modelo de consumo acelerado que caracteriza a la moda contemporánea. El eje de la regulación no solo apunta al desperdicio de productos, sino también a las consecuencias climáticas derivadas de su eliminación.
El fin de una práctica extendida en el sistema de la moda
Cada año, entre el 4% y el 9% de los textiles no vendidos en Europa terminan siendo destruidos antes siquiera de ser utilizados. Esta dinámica, que durante décadas fue considerada parte del funcionamiento habitual del mercado, comenzó a ser cuestionada por su impacto ambiental.
Según estimaciones de la Comisión Europea, la destrucción de ropa y calzado genera aproximadamente 5,6 millones de toneladas de emisiones de CO₂ anuales, una cifra comparable a las emisiones netas totales de algunos países europeos. En este contexto, las autoridades comunitarias avanzaron en una regulación que obliga a repensar la gestión de inventarios.
Jessika Roswall, comisaria europea de Medio Ambiente, subrayó que las cifras de residuos textiles reflejan la urgencia de adoptar medidas estructurales. La industria textil, si bien es protagonista en la transición hacia modelos más sostenibles, continúa enfrentando desafíos vinculados al desperdicio y la circularidad.
Cómo se aplicará la prohibición
La restricción forma parte del Reglamento sobre diseño ecológico para productos sostenibles (ESPR), normativa que entró en vigor en 2024 y que promueve estrategias de reutilización, reparación y reciclaje.
Desde julio de 2026, la prohibición alcanzará a las grandes empresas, mientras que las medianas compañías contarán con un plazo de adaptación extendido hasta 2030. Las pequeñas empresas y microempresas quedarán exentas de esta obligación.
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→ Leer másAdemás, la normativa incorpora criterios de transparencia. Las empresas deberán informar de manera armonizada los volúmenes de productos descartados, introduciendo un sistema de divulgación que permitirá dimensionar con mayor precisión el destino de los excedentes.
La regulación contempla excepciones específicas. Situaciones vinculadas a motivos de higiene, seguridad, daños irreparables, devoluciones que no puedan reacondicionarse o conflictos con derechos de propiedad intelectual podrán justificar la eliminación de productos.
El objetivo de estas excepciones es evitar distorsiones operativas, garantizando que la prohibición se aplique de forma equilibrada sin generar efectos adversos desproporcionados para las empresas.
Una nueva forma de cerrar el ciclo de las prendas
Uno de los pilares de la normativa es el impulso de alternativas circulares. En lugar de destruir inventarios, las empresas deberán priorizar estrategias como la reventa, la donación, la reutilización o la remanufactura.

Este cambio normativo se inscribe en un escenario donde los patrones de consumo muestran cifras significativas. En promedio, los europeos consumen 19 kg de textiles por persona al año y descartan alrededor de 12 kg anuales. Sin embargo, menos de la mitad de las prendas usadas se recolectan para reutilización o reciclaje.
Actualmente, apenas el 1% de la ropa usada logra reciclarse para convertirse en nuevas prendas, lo que evidencia las limitaciones tecnológicas y estructurales del reciclaje textil a gran escala.
La prohibición europea no solo modifica la gestión de stocks. También interpela al diseño de producto, la planificación de la producción y la estrategia comercial de las marcas.
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→ Leer másLa industria de la moda es responsable de entre el 8% y el 10% de las emisiones globales de CO₂, además de un elevado consumo de agua y una contribución significativa a la contaminación por microplásticos. En este marco, la eliminación de la destrucción sistemática de excedentes aparece como una pieza más dentro de una transformación más amplia.
El avance de la moda rápida, sumado al crecimiento de las devoluciones en el comercio electrónico, profundizó el problema de la sobreproducción. Una parte relevante de los productos devueltos no vuelve al circuito comercial, lo que incrementa el volumen de prendas descartadas.
La nueva normativa europea representa un cambio de paradigma en la industria textil. Más que una restricción puntual, se trata de una señal regulatoria que obliga a las empresas a rediseñar procesos, optimizar inventarios y extender el ciclo de vida de los productos.
En un escenario global donde la sostenibilidad dejó de ser un atributo opcional para transformarse en una exigencia estructural, la medida refuerza una tendencia clara: la transición hacia modelos productivos donde la durabilidad, la reutilización y la circularidad ocupen un lugar central.

















