La industria textil de Bangladés volvió a poner sobre la mesa uno de los principales debates que atraviesan actualmente al negocio global de la moda: quién debe asumir el costo de las nuevas exigencias de trazabilidad y sostenibilidad que comenzarán a regir en Europa.
La Asociación de Fabricantes y Exportadores de Prendas de Vestir de Bangladés (BGMEA) pidió públicamente a las marcas europeas que participen financieramente en la implementación del futuro Pasaporte Digital de Producto (DPP), una normativa que comenzará a aplicarse en el sector textil europeo a partir de 2027.
El planteo se realizó durante una conferencia organizada por la BRAC University, donde empresarios, funcionarios y referentes del sector analizaron el impacto que tendrá esta nueva regulación sobre las cadenas globales de producción.
El desafío del pasaporte digital para las fábricas textiles
El Pasaporte Digital de Producto busca mejorar la trazabilidad de las prendas y ofrecer información detallada sobre materiales, procesos productivos, origen y sostenibilidad de cada artículo textil. Para cumplir con estos requisitos, las fábricas deberán invertir en tecnología, digitalización y nuevos sistemas de gestión de datos.
Desde la BGMEA advirtieron que esta transición llega en un contexto complejo para los fabricantes, que continúan enfrentando presión de las marcas internacionales para reducir precios mientras aumentan las exigencias normativas.
“La implementación de esta herramienta requiere inversiones masivas”, señalaron desde la entidad, remarcando que el nuevo sistema debería abordarse como una “responsabilidad compartida” entre fabricantes y compradores internacionales.
La vicepresidenta de la BGMEA, Vidiya Amrit Khan, explicó que la industria ya trabaja en distintos proyectos piloto para adaptar las fábricas al nuevo escenario europeo, aunque insistió en que será difícil sostener ese proceso sin apoyo financiero de las grandes marcas.
El debate también vuelve a poner el foco sobre las tensiones históricas de la cadena global de la moda. Desde la tragedia de Rana Plaza en 2013, Bangladés enfrenta crecientes exigencias vinculadas a seguridad, trazabilidad y sustentabilidad, mientras los fabricantes denuncian que los precios pagados por los compradores occidentales siguen siendo cada vez más bajos.
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En paralelo a los desafíos regulatorios, el país acelera una estrategia de modernización y diversificación industrial para reducir su dependencia del algodón y ampliar su capacidad en nuevos segmentos textiles.
A fines de abril, una delegación del Consejo Textil y de la Confección de China (CNTAC) visitó Daca para explorar posibles inversiones y acuerdos tecnológicos vinculados a fibras sintéticas, tejidos técnicos y materiales celulósicos.
La BGMEA busca atraer inversiones mediante joint ventures y alianzas estratégicas, aprovechando además el acceso preferencial al mercado japonés tras el reciente acuerdo comercial entre Bangladés y Japón.
El país asiático también creó un comité específico para expandir su presencia en Japón, un mercado que importa anualmente más de 24 mil millones de dólares en indumentaria y donde Bangladés todavía tiene una participación reducida.
Actualmente, Bangladés es el segundo mayor exportador mundial de prendas de vestir detrás de China y por delante de Vietnam. Durante 2025, las exportaciones textiles y de confección alcanzaron los 38.800 millones de dólares, manteniéndose prácticamente estables pese al complejo escenario global y las nuevas tensiones comerciales.
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