La industria textil argentina atraviesa un período de baja actividad, pero el sector pone el foco en la necesidad de transformar la estabilidad económica en una oportunidad para recuperar producción, empleo, inversión y competitividad.
Un nuevo informe de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) muestra que la actividad continúa operando por debajo de su potencial, aunque también vuelve a instalar un debate central para el futuro de la cadena: cómo generar condiciones que permitan que la recuperación macroeconómica se traduzca en mayor actividad dentro de las fábricas.
Durante junio de 2026, la actividad textil registró una caída interanual del 15,9%, mientras que la utilización de la capacidad instalada alcanzó el 46,6%. Esto significa que existe una importante capacidad productiva disponible que podría volver a ponerse en funcionamiento ante una recuperación de la demanda y mejores condiciones de competitividad.
Para FITA, uno de los principales desafíos es precisamente aprovechar esa estructura productiva existente y generar un escenario que permita recuperar gradualmente los niveles de actividad.
El informe también refleja el impacto que la menor actividad tuvo sobre el empleo y la cantidad de establecimientos durante los últimos años.
En mayo de 2026, la cadena de textiles, confección, cuero y calzado contabilizó 93.952 puestos de trabajo formales. Desde diciembre de 2023, el sector acumuló una reducción de 26.851 puestos y textiles y confección registraron 750 establecimientos menos.
Sin embargo, detrás de estas cifras existe una cadena productiva que continúa manteniendo una presencia significativa en todo el país. Actualmente, la industria textil y de la confección reúne alrededor de 4.000 empresas y establecimientos que participan en distintas etapas del proceso, desde la producción de fibras e hilados hasta la tejeduría, tintorería, acabado y confección.
La capacidad instalada disponible representa, en este contexto, una oportunidad para una eventual recuperación. Volver a incrementar la producción no requiere construir desde cero toda la estructura industrial, sino generar condiciones que permitan utilizar nuevamente una mayor parte de las instalaciones, conocimientos técnicos y capacidades existentes.
Desde FITA también señalaron la diferencia entre la evolución de los precios textiles y la inflación general. En los últimos doce meses, los precios del sector aumentaron 11,5%, frente a una variación del 33,8% del índice general.
El escenario plantea desafíos para la rentabilidad y la inversión, pero también abre el debate sobre las herramientas necesarias para fortalecer la competitividad de la producción nacional en una nueva etapa económica.
Estabilidad y crecimiento, dos objetivos para la industria
La Federación de Industrias Textiles Argentinas adhirió además a los planteos realizados por la Unión Industrial Argentina en el marco del Día de la Industria, donde se destacó la importancia de avanzar desde la estabilización económica hacia una etapa de crecimiento de la actividad productiva.
“Cada establecimiento que cierra es una capacidad productiva que después cuesta años reconstruir. Por eso pedimos que la transición no destruya lo que vamos a necesitar para crecer. Es imperioso construir condiciones concretas que permitan recuperar la competitividad sin comprometer el orden macroeconómico”, destacó Luis Tendlarz, presidente de FITA.
El planteo del sector apunta a que la estabilidad pueda convertirse en una base para una nueva etapa de desarrollo industrial. Para eso, factores como la recuperación del consumo, el acceso al financiamiento, la inversión, la modernización tecnológica y la mejora de las condiciones competitivas aparecen como algunos de los elementos que podrían impulsar nuevamente la actividad.
La industria textil cuenta con una extensa cadena de valor, presencia territorial y conocimientos acumulados durante décadas. Su recuperación no depende solamente de la evolución de un indicador, sino de la capacidad de generar un entorno que permita a las empresas producir, invertir y desarrollar nuevos mercados.
En ese sentido, los datos del informe de FITA vuelven a poner el foco no solo en la situación actual, sino también en el potencial de recuperación que existe dentro de la propia estructura industrial. El desafío hacia adelante será transformar la capacidad disponible en producción, fortalecer la competitividad y acompañar una recuperación que permita preservar y desarrollar el entramado textil argentino.

















