Desde Berrotarán, un pueblo de menos de 10.000 habitantes en el corazón del interior cordobés, nació en plena pandemia un proyecto que hoy trasciende fronteras. Yanina Bosquini dictaba talleres culturales de tejidos, telar, bordado y macramé, pero cuando llegó la pandemia comenzó a crear productos desde el living de su casa.
Quitón comenzó el 12 de octubre de 2020 como un espacio dedicado a fabricar cestería nórdica, y con el tiempo se transformó en una marca artesanal con identidad propia, donde cada pieza cuenta una historia.
El nombre “Quitón” hace referencia a las túnicas utilizadas en la antigua Grecia, y esa inspiración atraviesa toda la propuesta creativa: muchas de sus cestas llevan nombres de lugares griegos, evocando paisajes, tradiciones y una estética atemporal.
Además de fabricar cestería, Quitón desarrolla tapices, macramé y una línea hogar que combina diseño artesanal con detalles en cuero, remaches y costuras cuidadosamente trabajadas. Cada pieza nace de hilos como el algodón, el yute, el cuero y de un proceso donde conviven la artesanía y el uso de máquinas industriales.
Detrás de este universo creativo está Yanina Bosquini, una mujer inquieta, apasionada y perfeccionista, que encontró en la artesanía una forma de transformar su vida.
Madre de dos niñas, asegura que el oficio artesanal fue un refugio en uno de los momentos más difíciles de su salud.
“La artesanía me salvó”, resume emocionada.



Los comienzos fueron simples pero decisivos: creó 25 canastas, participó en una feria local y vendió toda la producción. Ese impulso inicial marcó el nacimiento de un emprendimiento que no dejó de crecer.
Hoy, las piezas de Quitón llegan desde El Calafate hasta Cafayate, e incluso cruzan fronteras hacia otros países gracias al alcance de las redes sociales.
En el taller se respira disfrute, creatividad y trabajo colectivo. Las cestas, elaboradas con algodones y materiales nobles nacionales y detalles en asas de cuero, están pensadas para perdurar en el tiempo.
La marca desarrolla ventas mayoristas y se convirtió en una referencia dentro del sector artesanal y creativo.
Pero para Yanina, Quitón representa mucho más que un emprendimiento:
“Quitón es un hijo más. Me da energía, creatividad y tiempo. Los clientes terminan convirtiéndose en amigos”, expresa.
Con esa filosofía, invita constantemente a otras personas a animarse a emprender y descubrir en la creatividad una oportunidad de cambio.
Hoy, mientras la marca continúa creciendo, mantiene intacta su esencia: crear desde un lugar genuino, sin perder el detalle, la calma y la paz que transmite el trabajo artesanal hecho con amor.
“Quitón es lo que soy. Soy feliz”, afirma Yanina. Y esa felicidad, sin dudas, se refleja en cada producto que sale de su taller.
Hoy, las telas, los tejidos, las costuras y las técnicas artesanales ya no viven solamente en la ropa: también forman parte de los hogares, de los espacios cotidianos y de los objetos que acompañan la vida diaria. La industria textil encontró una nueva manera de adaptarse, integrando creatividad, funcionalidad y bienestar en piezas de decoración y uso cotidiano.



En este contexto aparecen proyectos como Quitón, que representan una nueva generación de emprendimientos donde el diseño textil se mezcla con el universo del hogar. Desde el interior del país, y utilizando materiales nacionales, cuero, remaches y procesos artesanales, la marca demuestra cómo la industria puede reinventarse sin perder su esencia humana.
La adaptación también se refleja en los procesos productivos: talleres pequeños incorporan máquinas industriales, combinan técnicas tradicionales con innovación y crean productos duraderos pensados para acompañar la vida cotidiana. La decoración deja de ser solamente estética y pasa a convertirse en una experiencia sensorial y emocional.
En tiempos donde lo masivo pierde valor frente a lo auténtico, la artesanía y el diseño textil encuentran un nuevo lugar. Un lugar donde crear también significa habitar, conectar y transformar espacios en refugios.
Porque hoy, más que nunca, el hogar se convirtió en una extensión de quienes somos. Y la industria textil entendió cómo formar parte de esa transformación.


















