La diseñadora de avíos y artesana textil, Luciana Trovatto, fue entrevistada por la columnista de El Textil, Anahí Aciar, en una charla centrada en el valor del oficio artesanal, el desarrollo de avíos textiles y la evolución del macramé aplicado a la indumentaria y el calzado.
Con más de dos décadas de experiencia en la industria, Trovatto compartió su visión sobre el trabajo manual en tiempos digitales, el vínculo entre técnica y materialidad, y cómo las prácticas artesanales pueden integrarse a procesos contemporáneos sin perder identidad ni precisión técnica.
Anahí Aciar: ¿Cómo comenzaste a diseñar avíos textiles?
Luciana Trovatto: hace 24 años entré a la industria desde el hacer. En Luz de Mar, desarrollando macramé para trajes de baño, entendí por primera vez la relación entre técnica y cuerpo. Mi primer material fue el coco: rígido, irregular, desafiante. Ahí comenzó una búsqueda que continúa hasta hoy.
Experimentando y forzando límites, encontré nuevas formas de construir el macramé. No solo desde lo visual, sino desde su funcionamiento: cómo se adapta, cómo sostiene, cómo se integra a la prenda.
Desde entonces, mi objetivo es el mismo: llevar una técnica ancestral hacia un lenguaje contemporáneo, donde cada nudo no solo une, sino que diseña.
Anahí: ¿Cómo empezaste a diseñar?
Luciana: todo comienza antes de hacer. Los bocetos de aplicación funcionan como mapas técnicos, definen ubicación, escala y comportamiento del material. El macramé y el crochet no se agregan, se integran. Cada intervención está pensada para dialogar con la prenda, no para imponerse sobre ella.


Mi propuesta no es diseñar desde cero, sino elevar lo existente. Transformar una prenda industrial, pensada para la repetición, en una pieza singular. Sumar valor donde antes había estándar.
El proceso continúa en el volumen. El diseño se proyecta y luego se construye directamente sobre el cuerpo, o su representación. No se trata solo de tejer, sino de anticipar cómo ese tejido se moverá, se tensará, se adaptará.
En el calzado, esta lógica se sostiene: la trama deja de ser decorativa para volverse funcional. El macramé técnico, calculado en densidad y tensión, permite que el material se monte sobre cuero o tela sin perder forma. Ahí, el detalle artesanal deja de ser accesorio y se convierte en identidad.
Anahí: ¿Qué aprendizaje tenés hoy con 24 años de experiencia?
Luciana: pienso que el material no se impone, yo lo escucho. Tiene tiempos, memoria y límites propios. Trabajar con lo textil es entrar en diálogo, ceder cuando es necesario, insistir cuando la estructura lo pide y encontrar ese punto exacto donde la intención y la materia llegan a un acuerdo.

Aprendí a resolver en tiempo real. A leer el material mientras responde, a ajustar la tensión mientras sucede. Lo artesanal, cuando es oficio, no admite error, exige precisión. Por eso desplazo estas técnicas hacia territorios inesperados, sobre telas que no son protagonistas.
Anahí: ¿Cómo trabajás tu arte en la era digital?
Luciana: soy una artesana en el mundo del algoritmo. No lo rechazo, lo utilizo como puente. Pero mi lenguaje sigue siendo físico. Necesito tocar la prenda, sentir su peso, su caída, su límite. Porque se convierte en experiencia.
En cada pieza dejo tiempo. Dejo decisión. Dejo respeto por el proceso.
Donde otros ven una prenda básica, yo veo una estructura posible, una intervención latente. No se trata de decorar, sino de transformar.
Anahí: ¿Qué desafíos tiene diseñar de manera artesanal?
Luciana: en el crochet de alta gama, el desafío es lograr una precisión tan exacta que el ojo dude.
La tensión controlada, el punto parejo y la integración limpia construyen una estética sofisticada que no pierde su alma artesanal. Ese es el diferencial: piezas que no solo se ven únicas, sino que lo son.

Es una estructura en construcción. El textil responde, cede, resiste. Cada alfiler es un punto de anclaje, una decisión técnica que ordena la materia y respeta la anatomía sin deformar la base.
Es una negociación constante entre la mano y la resistencia del material. Una tensión real, física, que se traduce en lenguaje estético.
Es el núcleo de mi trabajo.
Después de más de dos décadas en la industria, entendí que el verdadero oficio está en volver posible lo que no tiene lógica industrial: construir piezas donde la técnica y la sensibilidad conviven en equilibrio.
Eso es lo que sucede acá, el alma de la prenda en pleno proceso.



















