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El sector textil argentino reclama reglas de competencia justa ante el crecimiento del 70% de las importaciones

El sector textil argentino reclama reglas de competencia justa ante el crecimiento del 70% de las importaciones

La industria textil argentina volvió a expresar su preocupación por la evolución de la producción local y el avance de los productos importados. Según datos difundidos por entidades del sector, las importaciones ya representan cerca del 70% del abastecimiento del mercado textil argentino, mientras la producción nacional registró una caída del 24,4% durante el primer semestre y la utilización de la capacidad instalada se ubicó en el 39%.

El planteo fue realizado por organizaciones como la Fundación Pro Tejer y la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), que reclaman reglas de competencia equitativas y advierten sobre el impacto que tienen la apertura comercial, la desregulación de las importaciones y los costos que enfrentan las empresas locales.

El cambio en la composición del mercado es uno de los principales puntos señalados por la industria. De acuerdo con Pro Tejer, históricamente el abastecimiento del mercado interno se distribuía de manera más equilibrada entre la producción nacional y los productos provenientes del exterior. Actualmente, en cambio, las importaciones explican alrededor del 70% del consumo textil.

Desde el sector sostienen que este crecimiento de la participación importada se produce en un contexto en el que las empresas nacionales continúan afrontando una elevada carga tributaria, costos logísticos, dificultades de financiamiento y otros gastos asociados a la producción local.

A esto se suma la competencia de productos terminados provenientes del exterior y de plataformas internacionales de comercio electrónico, que ampliaron su presencia en el mercado argentino.

Durante el primer semestre del año, las importaciones de productos textiles e indumentaria alcanzaron las 177.356 toneladas, por un valor de US$ 911 millones. En el total de la cadena, las importaciones registraron una baja interanual del 20% en cantidades y del 5% en valores. Sin embargo, el comportamiento fue diferente según el tipo de producto.

La disminución se concentró principalmente en los primeros eslabones de la cadena productiva. Las importaciones de materias primas cayeron 33%, mientras que las de hilados retrocedieron 43%. En el caso de los tejidos planos, la baja fue del 52%, y en los tejidos de punto alcanzó el 34%.

Para la Fundación Pro Tejer, este comportamiento está vinculado con la menor actividad industrial. Una reducción en la producción local implica también una menor demanda de materias primas, hilados y tejidos destinados a los procesos de fabricación.

La situación es diferente en los productos terminados. Las importaciones de indumentaria crecieron 62% en toneladas y 36% en dólares, mientras que las confecciones para el hogar, entre ellas productos como sábanas y toallas, aumentaron 26% en cantidades y 7% en valores.

De esta manera, el mayor ingreso de productos finales tiene un impacto directo sobre distintos segmentos de la cadena local dedicados a la fabricación de prendas, textiles para el hogar y otros bienes terminados.

La Federación de Industrias Textiles Argentinas también planteó que la discusión no se limita al volumen de las importaciones, sino a las condiciones bajo las cuales algunos productos ingresan al país.

La entidad denunció situaciones de subfacturación y señaló que más del 70% de los productos importados ingresaría a valores significativamente inferiores a los antecedentes registrados en el sector. Según FITA, en algunos casos los valores declarados no alcanzarían siquiera para cubrir el costo de la materia prima principal.

Para las empresas textiles, estas diferencias pueden generar distorsiones en la competencia, ya que la producción nacional debe operar con estructuras de costos diferentes y cumplir con las obligaciones tributarias y regulatorias locales.

En este sentido, FITA reclamó el cumplimiento de la normativa vigente en materia de comercio exterior y medidas que permitan garantizar condiciones similares para todos los actores que participan del mercado.

Producción en baja y una capacidad instalada del 39%

La evolución del mercado también se refleja en los niveles de actividad de las fábricas textiles. Según los datos difundidos por el sector, la producción cayó 24,4% durante el primer semestre en comparación con el mismo período de 2025 y acumuló un retroceso del 34% frente a 2023.

Al mismo tiempo, el uso de la capacidad instalada se ubicó en el 39%. Esto significa que una parte importante de la infraestructura productiva del sector permanece sin utilización.

La Fundación Pro Tejer vinculó este escenario con una combinación de factores, entre ellos la menor demanda interna, el crecimiento de la participación de productos importados, la apertura comercial y la evolución del tipo de cambio real.

Desde la industria señalan que la apreciación del peso puede abaratar relativamente los productos importados, mientras que la producción nacional continúa enfrentando costos internos elevados. Esta combinación amplía las diferencias de competitividad entre los productos fabricados localmente y aquellos que llegan desde otros mercados.

Las entidades del sector, sin embargo, aclaran que el planteo no apunta a rechazar la integración comercial internacional. FITA recordó la participación de la industria textil argentina en iniciativas junto a entidades del Mercosur y Europa en el marco del acuerdo birregional, además de las gestiones vinculadas con una mayor apertura comercial hacia otros mercados.

La actividad textil tiene además una fuerte presencia de pequeñas y medianas empresas y una amplia distribución territorial, con fábricas, talleres, proveedores y comercios vinculados a la cadena en distintas regiones del país. Por eso, la evolución de la producción tiene efectos que van más allá de las empresas industriales.

Entre los principales reclamos del sector aparecen la reducción de costos e impuestos, una mayor competitividad sistémica, el control de posibles maniobras de subfacturación y reglas que permitan competir en condiciones similares frente a los productos importados.

Mientras las importaciones continúan ganando participación en el mercado local y los productos terminados incrementan su presencia, la industria textil argentina enfrenta el desafío de recuperar niveles de producción y mejorar su capacidad de competir. Para las entidades del sector, el debate pasa por encontrar un equilibrio entre la apertura comercial y la generación de condiciones que permitan sostener la producción, el empleo y el valor agregado dentro de la cadena textil nacional.

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