Una empresa textil con base en Villa Devoto, que supo fabricar para marcas reconocidas del mercado, solicitó el concurso preventivo de acreedores tras un fuerte deterioro de su actividad. Se trata de Fantome Group, cuya situación refleja las tensiones estructurales que atraviesa hoy la industria local.
La compañía, que llegó a producir hasta 900.000 prendas al año y a emplear a cientos de trabajadores, enfrenta actualmente un escenario crítico, con una caída abrupta de ingresos, pérdida de clientes clave y una fuerte reducción de su estructura operativa.
De producir para grandes marcas a una estructura mínima
Durante su etapa de mayor crecimiento, Fantome Group operaba desde una planta de 5.500 metros cuadrados con un esquema productivo integral. Entre sus clientes se encontraban marcas como Reebok, Kappa, Kevingston, Cheeky, Billabong y Kosiuko.
Sin embargo, ese modelo comenzó a desmoronarse en los últimos años. El punto de quiebre llegó en 2020, cuando Kevingston, su principal cliente, decidió reemplazar producción local por importaciones. Con el tiempo, otras marcas siguieron el mismo camino, reduciendo progresivamente el volumen de trabajo de la empresa.
En paralelo, la firma logró sostener parte de su actividad a través de un vínculo con Distrinando S.A., que operaba con licencias de Kappa y Reebok. Pero ese contrato también se canceló en 2025, dejando a la compañía prácticamente sin ingresos relevantes.
Impacto financiero y contexto sectorial
El deterioro se reflejó en su situación financiera: cheques rechazados por cerca de 45 millones de pesos, deudas con entidades como Banco Galicia y Garantizar SGR, y embargos por más de 130 millones de pesos sobre sus cuentas.
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→ Leer másAnte este escenario, la empresa reconoció la cesación de pagos y recurrió al concurso preventivo como única vía para reorganizar su deuda y sostener su operación residual.
En su presentación judicial, Fantome también describió un contexto adverso para toda la industria, marcado por el crecimiento de las importaciones. Según datos sectoriales, en 2025 ingresaron al país más de 390.000 toneladas de productos textiles e indumentaria, con fuertes subas interanuales tanto en volumen como en valor.
Frente a la caída del negocio mayorista, la empresa intentó diversificarse. Lanzó una marca propia, Berta León, abrió un local minorista y desarrolló servicios de bordado y estampado, que hoy constituyen su principal fuente de ingresos.
Sin embargo, estas iniciativas no lograron compensar la pérdida de escala productiva. Actualmente, la firma opera con apenas 20 empleados, muy lejos de los niveles históricos.
En este marco, el concurso preventivo aparece como una herramienta para ganar tiempo, renegociar pasivos y buscar una salida que permita sostener lo que queda de la operación. Pero, al mismo tiempo, expone con claridad los desafíos estructurales que enfrenta hoy la industria textil argentina.

















