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La historia del Blazer: de uniforme naval a símbolo del poder y la moda

La historia del Blazer de uniforme naval a símbolo del poder y la moda

El blazer no nació en una oficina. Su historia está vinculada con los uniformes, el deporte y la tradición británica, mucho antes de convertirse en una de las prendas asociadas con la vestimenta profesional y el poder corporativo.

Una de las teorías más conocidas sobre su origen lo vincula con la Marina Real británica. Según este relato, en 1837 la tripulación del HMS Blazer comenzó a utilizar una chaqueta de uniforme que se diferenciaba de la vestimenta naval habitual. La prenda habría sido utilizada durante una visita de la reina Victoria al barco y, con el tiempo, el término blazer quedó asociado a este tipo de chaqueta.

Sin embargo, existen otras teorías sobre el origen del nombre y de la prenda. El Fashion Institute of Technology de Nueva York, por ejemplo, atribuye el término a las chaquetas rojas utilizadas por el equipo de remo del St John’s College de Cambridge en 1825.

Más allá de cuál haya sido exactamente su punto de partida, el blazer quedó ligado desde temprano a uniformes, instituciones y actividades deportivas. Durante el siglo XIX comenzó a utilizarse en disciplinas como remo, tenis y cricket, y era habitual encontrar modelos de colores intensos y con rayas que permitían identificar a determinados clubes.

Esa relación con los clubes y las instituciones fue fundamental para la evolución del blazer. La prenda no solo protegía del clima o completaba un uniforme: también comunicaba pertenencia.

Durante el siglo XX, el blazer pasó a formar parte de distintos códigos de vestimenta. En Estados Unidos, por ejemplo, se incorporó a la estética Ivy y a los uniformes escolares y universitarios. Los escudos y parches permitían identificar la institución a la que pertenecía quien lo llevaba.

Con el tiempo, esa capacidad de comunicar pertenencia también se trasladó al ámbito profesional. El blazer comenzó a alejarse de sus usos exclusivamente deportivos y a incorporarse a una forma de vestir vinculada con la formalidad, la autoridad y el mundo empresarial.

La transformación adquirió una dimensión particular durante las décadas de 1970 y 1980, cuando distintos diseñadores comenzaron a cuestionar las estructuras tradicionales de la sastrería. Entre ellos, Giorgio Armani tuvo un papel central en la transformación de la indumentaria profesional.

La propuesta de Armani suavizó la sastrería tradicional mediante estructuras más livianas y siluetas menos rígidas. Durante los años 80, esta estética quedó asociada al denominado power dressing, especialmente en el vestuario profesional femenino, donde las prendas de sastrería se convirtieron también en una herramienta para construir una imagen de autoridad. El archivo de Armani identifica precisamente este período como una etapa fundamental de esa transformación.

Así, el blazer dejó de ser únicamente una prenda vinculada con la pertenencia a un club o institución y pasó a funcionar como un código visual de profesionalismo y poder.

Del traje al streetwear

Pero la historia del blazer tampoco terminó en los escritorios y las salas de reuniones.

Durante las últimas décadas, la moda comenzó a mezclar códigos que durante mucho tiempo habían permanecido separados. La sastrería empezó a combinarse con prendas deportivas y urbanas, mientras que el streetwear incorporó elementos tradicionalmente asociados con la vestimenta formal.

El trabajo de diseñadores como Virgil Abloh representa uno de los ejemplos de esta transformación. Desde Off-White, Abloh trabajó precisamente sobre la tensión entre códigos de lujo, sastrería, cultura urbana y streetwear. El Metropolitan Museum of Art ha destacado cómo su trabajo cuestionó las fronteras y jerarquías tradicionales dentro de la moda.

El blazer se adaptó particularmente bien a esta transformación porque su estructura permite modificar prácticamente todos sus elementos: puede cambiar de proporción, material, color y largo, pasar de una silueta entallada a una versión oversized o combinarse con zapatillas, camisetas y prendas deportivas.

Esa capacidad de adaptación explica parte de su permanencia. La misma estructura que alguna vez estuvo vinculada con uniformes y clubes puede aparecer hoy en un traje corporativo, una colección de alta moda o un look urbano.

El blazer atravesó así diferentes espacios sociales y culturales sin perder completamente su identidad. Cambió el contexto, cambiaron los materiales y cambiaron las proporciones, pero la prenda continuó conservando algo de su significado original: la capacidad de comunicar una determinada posición, pertenencia o actitud.

De un uniforme asociado con la tradición británica a una pieza habitual de la moda contemporánea, el blazer demuestra cómo una prenda puede abandonar el contexto para el que fue creada y adquirir nuevos significados sin dejar de ser reconocible.

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