La inteligencia artificial ya forma parte de numerosos procesos vinculados con la moda y el diseño. Genera imágenes, propone combinaciones, permite visualizar colecciones antes de producirlas y abre nuevas posibilidades para desarrollar campañas y explorar conceptos.
En un sector acostumbrado a trabajar con tendencias, materiales y lenguajes visuales, la velocidad de estas herramientas plantea una pregunta cada vez más difícil de esquivar: ¿qué significa crear cuando una máquina puede producir infinitas alternativas en cuestión de segundos?
Durante los últimos años, la IA generativa pasó de ser una tecnología experimental a incorporarse progresivamente a los procesos de trabajo de las industrias creativas. En moda, su utilización abarca desde la generación de imágenes y videos hasta el análisis de tendencias, la planificación de colecciones y la visualización de productos.
Para los equipos de diseño, esto significa poder explorar rápidamente diferentes escenarios, colores, siluetas, materiales o composiciones. La tecnología puede funcionar como una herramienta para ampliar el campo de posibilidades y acelerar determinadas etapas del proceso creativo. Pero producir alternativas no necesariamente equivale a tener una idea.

De generar imágenes a construir una idea
Una de las discusiones centrales alrededor de la IA aplicada a la creatividad está relacionada con la diferencia entre el resultado y el proceso. Una imagen puede parecer novedosa, atractiva o incluso inesperada, pero eso no significa necesariamente que detrás exista el mismo recorrido de exploración, selección, asociación y toma de decisiones que caracteriza al trabajo creativo humano.
Una investigación publicada en Advanced Science en marzo de 2026 puso esta cuestión a prueba. Un equipo internacional liderado por investigadores de la Universidad de Barcelona, IDIBELL, el Centro de Visión por Computador y el Vienna Cognitive Science Hub comparó la creatividad visual de artistas, personas sin formación artística y modelos de IA con diferentes niveles de intervención humana. Los resultados mostraron que las producciones de los artistas obtuvieron las mayores valoraciones, mientras que los modelos de IA sin guía humana quedaron por debajo de los grupos humanos y de la IA guiada.
El dato más interesante no está solamente en quién obtuvo mejores resultados, sino en cómo se entiende la creatividad. Los investigadores plantearon que no alcanza con evaluar la imagen final: también es necesario observar el proceso que conduce hasta ella. Según el estudio, los modelos actuales todavía están lejos de reproducir de manera independiente procesos creativos humanos y dependen de la intervención de las personas en diferentes etapas.

Esto adquiere una dimensión particular en el diseño textil. Diseñar no consiste únicamente en imaginar una superficie atractiva. Implica observar un material, comprender cómo se comporta, detectar sus posibilidades, intervenirlo, equivocarse, modificar una decisión y volver a probar. Muchas veces, una idea aparece precisamente durante ese recorrido y no antes de comenzar.
Experimentar para no delegar la creatividad
La discusión, entonces, quizás no tenga que plantearse exclusivamente en términos de inteligencia artificial contra creatividad humana. La IA puede convertirse en una herramienta más dentro del proceso, pero el valor del diseñador continúa estando en su capacidad para formular preguntas, seleccionar caminos, establecer relaciones y tomar decisiones con una intención propia.
En el universo textil, esa capacidad también se construye mediante la práctica. Experimentar con color, superficie, textura, volumen, comportamiento y nuevas tecnologías permite desarrollar una mirada que difícilmente pueda reducirse a obtener un resultado visual a partir de una instrucción.
Por eso, frente a herramientas capaces de generar cada vez más respuestas, adquiere todavía mayor importancia aprender a formular mejores preguntas y desarrollar un criterio propio para decidir qué vale la pena explorar.
La creatividad humana no desaparece porque existan herramientas capaces de producir imágenes en segundos. Pero tampoco es una capacidad que pueda darse por garantizada: se ejercita, se entrena y se amplía a través de la experimentación.
En ese sentido, la formación puede ocupar un lugar relevante. El Curso de Textiles en Transformación: un recorrido por la experimentación de los materiales, de El Textil Educación, propone justamente trabajar sobre la innovación material y la experimentación proyectual, abordando técnicas de coloración, estampado, modificación de superficies, acabados funcionales, biomateriales y nuevas tecnologías. El recorrido culmina con un laboratorio práctico en el que se vinculan material, problema, técnica e intención de diseño.
En un escenario donde las máquinas pueden ofrecer cada vez más posibilidades, desarrollar la capacidad de imaginar, experimentar y decidir qué hacer con ellas puede ser una de las competencias más importantes para quienes diseñan. Porque quizás el desafío de la creatividad en la era de la IA no sea competir con una máquina a la hora de producir más opciones, sino seguir siendo capaces de encontrar una opción que tenga una razón para existir.















