La empresa Vic Mol, perteneciente al grupo Mazalosa S.A., confirmó el cierre definitivo de su fábrica textil ubicada en el Parque Industrial de La Rioja, una decisión que dejó sin empleo a más de 20 trabajadores y vuelve a encender las alarmas sobre la situación que atraviesa el sector manufacturero nacional.
La compañía se dedicaba a la confección de indumentaria femenina para reconocidas marcas del mercado argentino y formaba parte de la red de producción que abastece a firmas como Portsaid, Desiderata y System. Su salida se suma a una serie de cierres registrados en los últimos años dentro de la cadena de valor textil y de la indumentaria.
La planta había comenzado a operar en diciembre de 2022 con el objetivo de ampliar la capacidad productiva del grupo Mazalosa en el interior del país. En aquel momento, la iniciativa generó nuevos puestos de trabajo y proyectaba seguir creciendo en empleo y volumen de producción.
Sin embargo, el escenario económico cambió drásticamente. Según trascendió, los representantes de la empresa atribuyeron la decisión a la fuerte caída de las ventas a nivel nacional y a la retracción del consumo de indumentaria, en un contexto donde los hogares priorizan gastos considerados esenciales.
Desde la Secretaría de Trabajo de La Rioja confirmaron que la firma mantenía sus obligaciones laborales al día y que se comprometió a abonar el 100% de las indemnizaciones correspondientes a los trabajadores afectados.
Una situación que va más allá de la fábrica textil
La situación de Vic Mol refleja una problemática más amplia. De acuerdo con datos difundidos por la Federación Obrera de la Industria del Vestido y Afines (FONIVA), ya son al menos 13 las empresas textiles que cerraron o abandonaron la provincia en los últimos años, afectando de manera directa el empleo y la actividad económica regional.
Las autoridades provinciales también advirtieron sobre el elevado nivel de capacidad ociosa que atraviesa el Parque Industrial riojano. Según estimaciones oficiales, cerca del 70% de la capacidad instalada del sector textil permanece sin actividad, mientras no se registran nuevas inversiones que compensen la pérdida de empresas y puestos de trabajo.
Además de la caída del consumo interno, empresarios e industriales señalan otros desafíos que impactan sobre la competitividad, como el aumento de costos operativos, la incertidumbre sobre el abastecimiento energético y la creciente presión de los productos importados.
En este contexto, el cierre de Vic Mol vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre el futuro de la industria textil argentina, un sector que históricamente ha sido uno de los principales generadores de empleo industrial en varias provincias del país y que hoy enfrenta uno de los escenarios más complejos de los últimos años.

















