La presencia de cuatro robots humanoides en la pasarela de Vogue World 2026: Milano abrió un debate inesperado alrededor de uno de los principales temas que atraviesan actualmente a la industria de la moda: hasta dónde puede avanzar la tecnología sin desplazar el valor de la creatividad, la artesanía y el trabajo humano.
La edición milanesa del evento, concebido por Vogue como un espectáculo que combina moda, cultura y entretenimiento, fue presentada como un homenaje a la artesanía italiana y a la innovación. Sin embargo, durante el cuarto acto, denominado “The Age of Intelligence”, cuatro robots desarrollados por la empresa china Unitree Robotics recorrieron la Galleria Vittorio Emanuele II junto a las modelos.
Los robots realizaron movimientos de baile, saludaron al público e incluso simularon algunas acciones sobre la pasarela. No llevaban prendas de vestir, sino que aparecieron como protagonistas de una puesta en escena dedicada a reflexionar sobre el avance de la inteligencia artificial y la robótica.
La decisión generó reacciones diversas. Para algunos espectadores y profesionales vinculados con la moda, la presencia de robots resultó contradictoria con una edición que buscaba poner en primer plano el trabajo artesanal y la creatividad humana. Para otros, justamente esa tensión era el punto central de la propuesta.
El director creativo de Vogue World 2026: Milano, Juan Costa Paz, explicó que los robots fueron incorporados para representar el momento histórico que atraviesa la sociedad con el desarrollo de la robótica. Según su planteo, se trata de una tecnología que todavía se encuentra en una etapa inicial, con dispositivos que pueden resultar poco naturales en sus movimientos, pero que funcionan como una señal de hacia dónde se dirige el desarrollo tecnológico.
La propuesta también buscó transmitir cierta ambivalencia. La intención no era presentar a los robots únicamente como una celebración del progreso, sino generar una sensación de extrañeza frente a una tecnología que, según Costa Paz, seguirá formando parte de la vida cotidiana.
La reflexión estuvo acompañada por otro contenido producido para Vogue: un video protagonizado por la modelo italiana Vittoria Ceretti, presentada como “Vittori-AI”, que utilizó efectos generados mediante inteligencia artificial para explorar los límites de la tecnología frente al gusto, las emociones y otras características asociadas a la experiencia humana.
Desde esta perspectiva, los robots podían entenderse como parte de una puesta en escena destinada a mostrar el contraste entre las capacidades tecnológicas y aquello que todavía depende de la sensibilidad y la experiencia de las personas.
Artesanía, tecnología y una tensión difícil de ignorar
La controversia aparece, en buena medida, por el contexto elegido. Vogue World Milano buscaba reivindicar la artesanía italiana y el valor de la creación humana en un momento en el que la moda también está incorporando inteligencia artificial, automatización, nuevas herramientas digitales y robótica a diferentes etapas de su actividad.
Para algunos críticos, colocar robots humanoides en una pasarela dedicada a celebrar la artesanía podía enviar un mensaje contradictorio. La escena fue interpretada como una representación de una industria cada vez más vinculada con tecnologías que también despiertan preocupaciones relacionadas con el empleo y el desplazamiento de determinadas tareas humanas.
Las críticas también apuntaron a la relación cada vez más estrecha entre las grandes compañías tecnológicas y el mundo de la moda. La edición de Milán contó con el apoyo de empresas vinculadas al sector tecnológico, mientras que Vogue ha profundizado durante los últimos años sus vínculos con Silicon Valley. En ese contexto, para algunos observadores la presencia de robots no fue solamente un recurso artístico, sino también una expresión de la creciente influencia de la tecnología sobre la cultura y las industrias creativas.
Pero existe otra lectura posible. La tecnología ya forma parte de la transformación de la moda y puede abrir nuevas posibilidades para el diseño, la experimentación y la producción. La cuestión, entonces, no necesariamente pasa por elegir entre tecnología o trabajo humano, sino por determinar de qué manera pueden convivir ambos elementos.
De hecho, especialistas en la intersección entre tecnología y creatividad han señalado que algunas de las experiencias más interesantes no consisten simplemente en colocar robots en una pasarela, sino en utilizar ingeniería, inteligencia artificial y nuevos materiales para ampliar las posibilidades de diseñadores y artistas.
En ese sentido, la escena de Vogue World Milano puede resultar menos relevante por los movimientos de los robots que por la pregunta que deja planteada. En una industria que busca recuperar y visibilizar el valor de los procesos artesanales, las técnicas tradicionales y las personas que intervienen en cada prenda, la incorporación de tecnologías cada vez más avanzadas introduce una tensión que difícilmente pueda ignorarse.
La pasarela de Milán no resolvió esa tensión. Quizás tampoco pretendía hacerlo. Pero al poner robots en el centro de una celebración de la creatividad y la artesanía, Vogue consiguió algo que forma parte de la propia lógica de la moda: generar una imagen capaz de provocar conversación sobre hacia dónde puede dirigirse la industria.

















