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El conflicto en Oriente Medio aumenta los costos de producción de la industria textil

El conflicto en Oriente Medio aumenta los costos de producción de la industria textil

El conflicto en Oriente Medio suma presión sobre una industria de la confección que todavía enfrenta las consecuencias de años de inestabilidad en las cadenas de suministro. El aumento del precio de la energía y el transporte se combina ahora con un fuerte encarecimiento de materias primas como el poliéster y el algodón, generando mayores costos para fabricantes y marcas de indumentaria.

En Bangladesh, uno de los principales centros mundiales de producción de prendas, el impacto ya se observa en las fábricas. En Plummy Fashions, en las afueras de Daca, una de sus naves permanece inactiva desde hace tres meses después de que un comprador suspendiera pedidos de poliéster a la espera de una eventual baja de precios.

La situación refleja una problemática que atraviesa distintos eslabones de la cadena textil: mientras los fabricantes buscan contener los costos en un contexto de demanda débil, las marcas deben decidir cuánto de esos aumentos pueden absorber y cuánto trasladar a los consumidores.

El impacto del conflicto no se limita al transporte. El poliéster, elaborado a partir de derivados de combustibles fósiles, se ha encarecido a partir del aumento del precio del petróleo. En el caso de Plummy, el precio del hilo de poliéster llegó a aumentar hasta un 25% pocas semanas después del inicio de la guerra.

El algodón también enfrenta presiones. Las dudas sobre el suministro, el aumento de los costos de los fertilizantes y la posibilidad de que un episodio de El Niño afecte las próximas cosechas contribuyeron al incremento de su precio. Los futuros de algodón alcanzaron recientemente su nivel más alto desde marzo de 2024.

La coincidencia de aumentos en las dos principales fibras utilizadas por la industria limita además una de las alternativas habituales de las marcas: reemplazar un material por otro cuando cambia su precio.

Para empresas que trabajan con mezclas de algodón y poliéster, como la alemana Kettelhack, el incremento de costos ya se tradujo en aumentos de entre el 5% y el 8%. Otros fabricantes señalan que también se encarecieron los hilos, tintes, productos químicos, petróleo y gas.

La presión resulta especialmente significativa para las fábricas de confección. En el caso de Plummy, las materias primas representan alrededor del 60% del costo de una camiseta básica, mientras que los márgenes de las fábricas suelen ubicarse entre el 2% y el 3%. Con una demanda todavía débil, la empresa está absorbiendo parte de los aumentos para mantener sus operaciones.

Las marcas evalúan cómo trasladar los aumentos al consumidor

El impacto también comienza a sentirse en los principales centros manufactureros asiáticos. India, uno de los grandes polos mundiales de producción de indumentaria, registró una caída del 4,5% interanual en sus exportaciones de prendas durante julio. En Bangladesh, mientras tanto, el conflicto afecta también las ventas hacia Oriente Medio, un mercado al que el país exporta alrededor de US$800 millones anuales en prendas.

Frente a este escenario, las marcas cuentan con diferentes alternativas para reducir el impacto. Algunas pueden negociar con sus proveedores, modificar productos o buscar nuevos lugares de abastecimiento. Otras optan por trasladar directamente parte del aumento de los costos al precio final.

La marca sueca Asket, por ejemplo, decidió aumentar sus precios ante el encarecimiento de los tejidos y los hilos. Su dirección señaló que mantener los valores anteriores habría obligado a reducir la calidad o modificar el origen de sus materiales.

También podrían aparecer cambios en las propias prendas. Fabricantes y consultores plantean como posibles respuestas la reducción del gramaje de los tejidos, la simplificación de los diseños, modificaciones en las mezclas de fibras o la eliminación de determinadas prestaciones.

Las estimaciones citadas en el sector ubican entre un 10% y un 20% el posible aumento de precios en algunas categorías de indumentaria básica, aunque el traslado completo de los mayores costos podría demorar hasta un año debido a los tiempos con los que las marcas planifican sus colecciones.

Inditex, propietaria de Zara, ya reconoció que las perturbaciones en Oriente Medio incrementaron sus costos de transporte y aprovisionamiento y anticipó que seguirán presionando sus márgenes durante la segunda mitad del año. El grupo señaló que está adaptando sus métodos de transporte y abastecimiento y utilizando su red internacional de proveedores para reducir el impacto.

El desafío alcanza así a toda la cadena de valor. Los fabricantes enfrentan costos crecientes y márgenes reducidos, mientras las marcas intentan evitar aumentos que puedan afectar la demanda en un contexto de menor poder de compra.

Para los consumidores, el impacto podría hacerse más visible en los próximos meses. Como las empresas de indumentaria suelen definir sus pedidos con muchos meses de anticipación, parte de los aumentos actuales podría llegar a las tiendas recién durante las próximas temporadas.

La industria queda así nuevamente ante un escenario de adaptación. Después de la pandemia, las interrupciones logísticas y las tensiones comerciales, el conflicto en Oriente Medio incorpora una nueva variable para un sector que depende de una extensa red internacional de materias primas, producción y transporte. El resultado dependerá de cuánto tiempo se mantengan las presiones sobre los costos y de la capacidad de fabricantes y marcas para absorberlas sin afectar todavía más la demanda.

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Fuente: Bloomberg

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